"Nuestras maletas maltrechas estaban apiladas en la acera nuevamente; teníamos mucho por recorrer. Pero no importa, el camino es la vida"

“Our battered suitcases were piled on the sidewalk again; we had longer ways to go. But no matter, the road is life”






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sábado, 27 de agosto de 2016

PROLOGO A NUESTRO PRIMER LIBRO


Esta mitología comienza de derecha a izquierda, de abajo a arriba o como lo quiera interpretar, todo es un manojo de hombres locos y mujeres liberales, un manifiesto, un mero escrito político sobre la vida y decadencia (también llamado “demencia”) de Lucero Lemus y Damián Cárdenas. El descenso a las catacumbas mentales y el ascenso a la gloria de dos nómadas, dos almas libres rompiendo las cadenas impuestas por la soberbia y tirana sociedad. Cabe destacar que este manuscrito fue robado/obtenido en el Cairo en Egipto, traído de la India por un español idiota.



Aquí se recopilan las desgracias, desventuras y pasos de dos nómadas que a los 20 años, decidieron convertirse en Kerouac, en Ginsberg en ángeles mahometanos transformados en prosa de blues y jazz, viniendo de los barrios más decadentes, de la ciudad del chapo Guzmán, la ciudad de los carteles, la marihuana y los alacranes, de los infinitos desiertos del tiempo. La otrora y tranquila ciudad colonial de Durango, ahora reducida a cenizas por la guerra contra el narcotráfico.
El camino de penitencia en los años de los descabezados, desaparecidos y ensarapados, a través de un valle de lágrimas, miedo y asco en un mundo el cual no tuvimos decisión de elegir.
Los senderos hacia los cuales se encontraron vagando por autopistas imparables en Alemania, y como llegaron a las pirámides de Egipto montando en camello, o atravesaron el desierto de Wadi Rum en Jordania con 2 dólares en la bolsa, y como lograron escapar de las prisiones árabes por ser acusados de traficantes de droga mexicanos.
Esto no solo es un libro de viajes, es un escrito político, un grito desesperado por despertar a las mentes de una generación a la que se le enseño a obedecer, y no a pensar, a una generación que creció teniendo como Dios a una caja idiota con 50 canales y atados a un celular. Una ola de jóvenes que como todos, nacieron con una responsabilidad en los hombros que nadie les dijo que cargaran, y sin embargo lo han estado haciendo por años, aplastados por la maquina opresora de las modas, las marcas, el capitalismo pseudoyankee, los estereotipos, lo material y superficial. Es una revolución literaria, una caída del muro de prejuicios y tabúes que rodean a una sociedad en la que creen, que solo los ricos pueden viajar, que solo los acaudalados pueden tener el privilegio de conocer otras culturas y empatizar con ellas, que el proletariado tiene que trabajar sus jornadas y no dudar del porqué, que el obrero es solo una estadística y que sus sueños o metas no tienen relevancia en un mundo preso de la economía.

Si usted es sensible a otras formas de vivir y pensar, por favor cierre este libro y continúe con su jornada laboral de 8 horas,

Un eterno agradecimiento a Jack Kerouak, Ernest Hemingway, Allen Ginsberg, William Burroughs, Chris Mccandles, que a traves de sus letras y su puño, nos enseñaron otros mundos en la imaginación, mundos que ahora recorremos, y seguimos sus pisadas, a todos aquellos que se atrevieron a convertir una mochila en su hogar, y que portamos los callos de los pies, como heridas de guerra.









Nunca sabré porque los policías después de golpearme varias veces, apuntarme en la cabeza con las armas, tumbarme al piso y volverme a golpear, no decidieron matarme. Porque decidieron dejarme ir, a pesar de que había sido testigo de los cuerpos que estaban aventando por el barranco. Nunca sabré porque no decidieron violar a Lucero, y luego matarla, el universo siempre ha cuidado de nosotros, así como lo hizo en Israel al caminar por un campo minado. Lo que si estoy seguro es que eso nos impulsó a tomar la decisión de largarnos de Durango. Sesenta días después estaríamos comiendo Kebabs en las orillas del Támesis en Londres, paseando en bicicleta por Trafalgar Square y bebiendo Stella Artois en el Palacio de Buckingham. Del dicho al hecho hay mucho trecho, pero en está ocasión. Se cumplió, no hubo despedidas amargas ni lágrimas, solo un: Ya no podemos seguir aquí, este lugar no es para nosotros, nunca lo ha sido, por más que no lo hayan enseñado desde la primaria, por más que nos quieran amarrar, vamos a romper las cadenas cuantas veces sea necesario.

¿Caminaremos toda la noche por las calles desoladas?
Los árboles juntan sus sombras, las luces salen de las casas,
los dos estaremos solos.
-Allen Ginsberg, Berkeley 1955.






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